El climatizador automático es un sistema de calefacción, ventilación y aire acondicionado que mantiene el habitáculo a la temperatura que elige el ocupante, gestionando el proceso por sí mismo en lugar de dejar que el conductor manipule velocidades de ventilador y mandos de temperatura. Mientras que un sistema manual básico se limita a hacer lo que el conductor le ordena, un sistema automático recibe un objetivo —por ejemplo, veintiún grados Celsius— y decide después de forma continua cuánta calefacción o refrigeración aplicar, a qué velocidad hacer girar el ventilador y hacia dónde dirigir el aire para alcanzar y mantener esa cifra. Existe porque mantener cómodo un vehículo en marcha es un problema genuinamente variable: la luz del sol, la temperatura exterior, la velocidad y el número de ocupantes alteran el balance térmico de un minuto a otro.
El sistema funciona mediante una pequeña red de sensores que alimentan a una unidad de control. Los sensores de temperatura interior, un sensor exterior y, a menudo, un sensor de radiación solar montado cerca del parabrisas comunican las condiciones al controlador, que las compara con la consigna y ajusta los actuadores en consecuencia. Modula la mezcla de aire que pasa por el radiador de la calefacción y el evaporador del aire acondicionado, varía la velocidad del ventilador y mueve las compuertas de distribución para enviar el aire hacia la cara, los pies o el parabrisas. Las instalaciones más sofisticadas añaden además un sensor de humedad y un sensor de calidad del aire que puede cerrar automáticamente la compuerta de recirculación al detectar gases de escape o contaminantes en el exterior.
Para el ocupante el beneficio es un confort estable y sin intervención. Una vez elegida la temperatura, el sistema absorbe las perturbaciones —un túnel largo, un golpe repentino de sol, un aumento de velocidad en autopista— sin la corrección manual constante que exigiría un sistema básico. Esto reduce las distracciones y tiende a producir un clima más uniforme en el habitáculo que el que la mayoría logra a mano.
Muchos coches ofrecen versiones multizona, habitualmente bizona o de cuatro zonas, en las que el habitáculo se divide en áreas reguladas de forma independiente. Los ajustes de temperatura separados para conductor y acompañante, y a veces para las plazas traseras, se consiguen repartiendo el flujo de aire a través de compuertas de mezcla controladas por separado, de modo que el aire más cálido llega a un lado y el más frío al otro. Así, personas con preferencias distintas pueden viajar juntas con comodidad.
En los vehículos eléctricos el climatizador automático adquiere una relevancia añadida porque consume directamente de la batería de tracción y no del calor residual de un motor. La calefacción del habitáculo, en particular, puede absorber una parte considerable de la energía almacenada con frío, así que tiene un efecto medible sobre la autonomía. Por eso los eléctricos combinan cada vez más el sistema de climatización con una bomba de calor, el preacondicionamiento mientras están enchufados y funciones como la calefacción focalizada de asientos y volante, que calientan a la persona en lugar de todo el volumen de aire. Bien aprovechado, el climatizador automático de un eléctrico es, por tanto, tanto una herramienta de eficiencia como de confort, y trabaja en estrecha relación con la estrategia de gestión térmica que también mantiene la batería dentro de su ventana óptima de funcionamiento.
- Mantiene de forma automática una temperatura prefijada en el habitáculo
- Regula calefacción, refrigeración, ventilador y distribución del aire
- Las versiones multizona permiten temperaturas distintas por ocupante
- En los eléctricos, muy ligado a la autonomía y la eficiencia