La capacidad de la batería mide cuánta energía eléctrica puede albergar la batería de tracción de un vehículo eléctrico cuando está completamente cargada, y se expresa en kilovatios-hora. Un kilovatio-hora representa la energía de un kilovatio de potencia sostenido durante una hora, de modo que un paquete de 60 kWh podría en principio suministrar 60 kilovatios durante una hora, o una demanda menor durante un tiempo proporcionalmente mayor. Es la cifra de cabecera en la que se fija la mayoría de los compradores al valorar la distancia que recorrerá un coche entre recargas.
Esa cifra refleja el almacenamiento combinado de cientos o miles de celdas de iones de litio individuales, conectadas en módulos y ensambladas en el paquete. La capacidad viene determinada por la tensión de las celdas y por su carga almacenada en amperios-hora, y los fabricantes la aumentan añadiendo celdas, adoptando químicas de celda más densas o mejorando la eficiencia con que se empaquetan las celdas en el espacio disponible bajo el piso. Los paquetes de los vehículos actuales abarcan un rango amplio, desde unos 40 kWh en modelos compactos hasta 100 kWh o más en coches grandes y de larga autonomía.
La capacidad es la influencia individual más determinante sobre la autonomía, porque esta equivale en esencia a la energía almacenada dividida entre el ritmo al que el coche la consume. Un paquete mayor transporta más energía y, por tanto, recorre más distancia en igualdad de condiciones, motivo por el cual autonomía y capacidad se mencionan tan a menudo juntas. Sin embargo, la capacidad por sí sola no determina la autonomía: un vehículo pesado e ineficiente puede no llegar más lejos con una batería grande que uno ligero y eficiente con un paquete más pequeño.
Una sutileza importante es la distinción entre capacidad bruta y capacidad útil. La cifra bruta, o nominal, describe la energía total que las celdas podrían albergar en teoría, pero los fabricantes reservan deliberadamente un margen en los extremos superior e inferior del rango de carga al que el conductor nunca puede acceder. Ese margen impide que las celdas se carguen o descarguen por completo, dos situaciones que aceleran el desgaste, y así protege la longevidad. La capacidad útil, que es la que realmente mueve el coche, resulta en consecuencia un pequeño porcentaje inferior a la cifra bruta que figura en algunas fichas técnicas.
La autonomía real depende además, y mucho, de factores ajenos a la batería, como la temperatura ambiente, la velocidad de marcha, el perfil del terreno, el uso de la calefacción o el aire acondicionado, la carga transportada y la elección de los neumáticos. El frío, en particular, reduce tanto la capacidad disponible como la eficiencia del vehículo, de modo que una cifra nominal debe tomarse como un mejor caso y no como una garantía.
La capacidad de la batería guarda estrecha relación con la capacidad útil, que expresa la porción protegida y accesible; con el kilovatio-hora, su unidad de medida; con la autonomía del eléctrico, que en gran medida gobierna; y con la batería de alto voltaje, el paquete físico en el que reside esa energía.
- Se mide en kilovatios-hora (kWh)
- Es el principal factor de la autonomía de un eléctrico
- La capacidad bruta supera a la útil por un margen de protección
- La autonomía depende también de la eficiencia, el peso y las condiciones