La curva de carga es el gráfico que muestra cómo varía la potencia de carga de un vehículo eléctrico a lo largo de una sesión de carga rápida, representada frente al estado de carga de la batería. En lugar de mantener un ritmo constante desde vacío hasta lleno, la batería acepta potencia siguiendo un patrón característico: la potencia suele subir hasta un máximo al principio de la sesión y luego desciende por escalones a medida que el conjunto se llena. Esta forma resulta esencial para entender cuánto durará realmente una carga rápida en el mundo real, porque la cifra máxima que anuncia el fabricante solo se sostiene durante un breve instante.
El motivo de la reducción gradual está en la química de la batería. Conforme las celdas de iones de litio se acercan a un estado de carga elevado, la tensión aumenta y el ritmo al que los iones pueden insertarse con seguridad en el electrodo disminuye. Forzar una corriente elevada en una celda casi llena entraña el riesgo de deposición de litio y de una degradación acelerada, además de generar un exceso de calor, por lo que el sistema de gestión de la batería va reduciendo la potencia de forma progresiva para proteger las celdas. La curva no es, por tanto, una limitación que haya que eliminar mediante la ingeniería, sino una salvaguarda deliberada, y un conjunto bien diseñado gestiona ese descenso de manera inteligente en lugar de brusca.
Este comportamiento explica el consejo habitual de cargar de aproximadamente el 10 al 80 por ciento en un trayecto largo. La parte baja e intermedia de la curva es donde la potencia es más alta y la energía entra con mayor rapidez, mientras que el tramo final, desde alrededor del 80 por ciento hasta el lleno, puede tardar casi tanto como todo lo anterior junto. Para planificar un viaje suele ser más rápido en conjunto detenerse en el 80 por ciento y seguir conduciendo que esperar a esa última porción de capacidad, razón por la cual gran parte de las recomendaciones de carga y muchos planificadores de a bordo se optimizan en torno a esa ventana.
No todas las curvas son iguales, y la forma importa más que el pico. Un coche que roza fugazmente una cifra muy alta pero después cae con fuerza puede aportar menos energía en diez minutos que un rival cuya potencia es más baja en su máximo pero se mantiene plana y estable a lo largo de una amplia franja de la capacidad de la batería. Por eso una curva plana y sostenida suele ser más valiosa que un pico alto y estrecho, y por eso las comparaciones entre vehículos se centran cada vez más en la potencia media a lo largo de una carga del 10 al 80 por ciento en lugar de en el máximo.
Varios factores condicionan la curva cada día, entre ellos la temperatura de la batería, el estado de carga con el que arranca la sesión y la capacidad del propio cargador. Un conjunto frío se quedará muy por debajo de su potencial, y precisamente por eso se emplea el preacondicionamiento de la batería para calentarla de antemano y elevar la parte inicial de la curva. La curva de carga está así estrechamente ligada a la carga rápida en corriente continua, la potencia máxima de carga, el estado de carga y el preacondicionamiento, y leerla correctamente es una de las habilidades más útiles para un propietario de un eléctrico que planifica trayectos largos.
- Representa la potencia de carga frente al estado de carga
- La potencia se reduce a medida que la batería se llena para proteger las celdas
- Cargar del 10 al 80 % es mucho más rápido que el 20 % final
- Una curva plana y sostenida supera a un pico alto y breve