Un descapotable, también llamado cabriolé, es un coche cuyo techo puede plegarse o recogerse para dejar el habitáculo abierto al cielo. Existe para ofrecer una experiencia distinta más que una ventaja práctica: la sensación de conducir al aire libre, con una visibilidad sin obstáculos, aire fresco y el sonido de la carretera, todo ello con solo pulsar un botón o accionar un cierre. Desde los primeros tiempos del automóvil, cuando la mayoría de los coches eran abiertos por necesidad, el descapotable ha sobrevivido como una elección deliberada, guiada por el placer, una vez que la carrocería cerrada se convirtió en la norma.
El mecanismo que lo define es el techo plegable. Los diseños tradicionales emplean una capota de tejido multicapa tensada sobre un armazón articulado, que se pliega detrás de los asientos traseros; muchas versiones modernas son de accionamiento eléctrico y se bajan y suben en bastante menos de medio minuto, a veces incluso circulando despacio. Una alternativa es el techo rígido retráctil, una cubierta sólida en dos o tres piezas que se pliega de forma eléctrica dentro del maletero, ofreciendo la seguridad y el refinamiento de un cupé cuando está levantada y una silueta abierta y limpia cuando está recogida. Las lunetas traseras de cristal calefactable, los deflectores de viento y las capotas multicapa aislantes han hecho mucho por reducir el ruido y las corrientes de aire que en otro tiempo convertían a los coches abiertos en un capricho reservado al buen tiempo.
Para el conductor, el atractivo es sensorial y emocional más que racional, y dotar de esa libertad al coche tiene un precio. Suprimir el techo fijo, que normalmente contribuye en gran medida a la rigidez estructural, obliga a los diseñadores a reforzar el piso, los faldones, los pilares A y los mamparos para recuperar rigidez. Ese refuerzo añade un peso considerable, que puede mermar las prestaciones y el consumo, y aun así un descapotable rara vez iguala la rigidez torsional del modelo equivalente de techo fijo, delatándose en ocasiones con una sutil flexión de la carrocería al pasar por los baches.
El género se divide a grandes rasgos en dos caracteres. En un extremo están los roadster deportivos, normalmente de dos plazas, ligeros y centrados en el placer de conducir. En el otro, los cabriolés orientados al confort, a menudo versiones de cuatro plazas de cupés o berlinas convencionales, pensados para rodar con tranquilidad más que para el ritmo puro. Los techos rígidos plegables tienden a agruparse en el extremo del confort, y las capotas de tela en el deportivo.
Hay compromisos prácticos más allá del peso. Cuando el techo está plegado suele ocupar parte del maletero, de modo que el espacio para el equipaje mengua de forma notable con la capota bajada, y un separador puede limitar lo que cabe transportar a cielo abierto. Las capotas de tela requieren cuidados ocasionales y son vulnerables al desgaste o al vandalismo, mientras que los mecanismos adicionales añaden complejidad y posible mantenimiento. La protección antivuelco corre a cargo de un marco de parabrisas reforzado y, en muchos coches, de unos arcos emergentes situados detrás de los asientos.
El descapotable se relaciona de cerca con varias carrocerías: el roadster es en esencia su forma deportiva más pura de dos plazas, el cupé es su contraparte de techo fijo de la que derivan muchos cabriolés, y el término hard-top designa tanto los techos rígidos desmontables de antaño como los techos metálicos plegables de la era moderna.
- Techo plegable de tela o rígido para conducir a cielo abierto
- El refuerzo añadido del bastidor compensa la rigidez perdida y suma peso
- Se reparte entre roadster deportivos y cabriolés orientados al confort
- El maletero mengua cuando el techo queda plegado