Las luces diurnas son lámparas orientadas hacia delante que se iluminan de forma automática siempre que el vehículo circula, con independencia de la luz ambiente o de la posición del mando de los faros. Su única finalidad es la visibilidad, no el alumbrado: no ayudan al conductor a ver la carretera, sino que facilitan que los demás usuarios detecten el coche sobre un fondo diurno cargado. El concepto nació de la investigación sobre accidentes realizada en los países escandinavos a partir de la década de 1970, donde el sol invernal bajo y los largos crepúsculos hacían difícil distinguir los vehículos, y donde los estudios vincularon de forma sistemática los faros encendidos de manera permanente con un menor número de colisiones diurnas.
Mecánicamente, una DRL se conecta para encenderse con el contacto o con el motor en marcha, y para apagarse o atenuarse cuando se seleccionan las luces de cruce o de carretera, de modo que ambos sistemas no entren en conflicto de noche. La mayoría de las instalaciones modernas atenúan o apagan la DRL del lado en que parpadea el intermitente, para que la señal de giro quede claramente visible. Como permanecen encendidas durante todo el tiempo de uso del coche, los fabricantes prefieren los diodos LED, que consumen solo unos pocos vatios, generan poco calor y duran toda la vida del vehículo, frente al mayor consumo y la menor duración de las bombillas de filamento.
El beneficio para la seguridad vial es la justificación central del sistema. Un coche con las lámparas encendidas presenta un contraste mayor y se percibe más cercano y con mayor velocidad de aproximación que uno apagado, lo que da a peatones, ciclistas y otros conductores algo más de tiempo para reaccionar. Los metaanálisis de datos nacionales han estimado reducciones de las colisiones diurnas con varios vehículos y de los atropellos del orden de varios puntos porcentuales, un efecto modesto pero real logrado prácticamente sin coste de funcionamiento una vez que se emplean LED.
La normativa ha impulsado su difusión. En la Unión Europea, las luces diurnas específicas que cumplen el Reglamento 87 de Naciones Unidas son obligatorias en todos los modelos nuevos de turismo desde febrero de 2011 y en los vehículos comerciales ligeros desde 2012. La norma técnica fija una intensidad luminosa mínima y máxima, luz blanca y funcionamiento automático, razón por la que las DRL de fábrica resultan en general parecidas entre marcas sin dejar de admitir formas distintivas.
Esa libertad de formas ha convertido un dispositivo de seguridad en una firma de estilo. Los diseñadores integran los LED en finas tiras, soportes o anillos dentro del conjunto óptico, creando un perfil iluminado reconocible al instante que identifica un modelo desde lejos, un ejercicio deliberado de imagen de marca comparable al uso de los faros LED matriciales para proyectar la identidad de una marca. Queda una salvedad práctica: como las DRL son brillantes y están siempre encendidas, el conductor puede creer por error que lleva el alumbrado completo activado y circular al anochecer o con niebla sin luces traseras, ya que muchos sistemas de DRL dejan la parte posterior del coche a oscuras. Por eso los diseños más recientes asocian cada vez más las luces de posición traseras a esa misma lógica automática.
- Se encienden automáticamente al circular el coche
- Hacen el coche más visible de día, reduciendo los accidentes diurnos
- Obligatorias en los coches nuevos de la UE desde 2011; normalmente LED
- Una "firma luminosa" distintiva de estilo