Una e-CVT, o transmisión de variación continua electrónica, es la transmisión que constituye el corazón de un vehículo híbrido completo y, pese a su nombre, funciona de un modo radicalmente distinto al de una CVT convencional de correa. Existe para resolver el problema central de un híbrido de gasolina y electricidad: cómo fundir la salida de un motor de combustión interna y la de uno o más motores eléctricos en un único impulso hacia las ruedas, permitiendo a la vez que cada fuente de potencia trabaje a su régimen más eficiente con independencia de la velocidad del vehículo.
El mecanismo que lo hace posible es un tren epicicloidal, o planetario, que actúa como repartidor de potencia. El motor de combustión, un motor-generador y la salida de tracción se conectan cada uno a un elemento distinto de los engranajes planetarios, normalmente el portasatélites, el planeta y la corona. Como un tren planetario establece esta relación a tres bandas, la velocidad de cualquiera de los elementos queda determinada por las otras dos. Controlando electrónicamente el régimen del motor-generador, el sistema puede mantener el motor de combustión a una velocidad elegida y eficiente mientras las ruedas giran al ritmo que exija la carretera, variando en la práctica la relación sin correas, poleas ni marchas escalonadas.
El efecto práctico para el conductor es una transmisión sin cambios perceptibles. En aceleración, el motor se asienta en un régimen eficiente y la velocidad del vehículo sube hasta alcanzarlo, lo que produce la sensación característica de unas revoluciones que no suben y bajan al compás del ritmo de marcha. La energía eléctrica fluye entre los dos motores-generadores y la batería, de modo que el excedente de potencia del motor puede almacenarse o emplearse para impulsar directamente, y el vehículo puede arrancar y circular a baja velocidad solo con energía eléctrica, con el motor de combustión completamente apagado.
Esta arquitectura se asocia sobre todo al Hybrid Synergy Drive de Toyota y a los sistemas estrechamente emparentados que se emplean en los modelos de Toyota y Lexus, con diseños de reparto de potencia comparables adoptados por otros fabricantes. Su gran virtud, más allá de la eficiencia, es la sencillez mecánica y la durabilidad: sin embragues que desgastar, sin bandas de fricción ni cambios hidráulicos, una e-CVT tiene notablemente pocas piezas que se degraden, lo que explica en buena medida que estos híbridos se hayan ganado fama de fiabilidad y larga vida útil.
Hay matices que conviene entender. El tan criticado zumbido, esa sensación de que el régimen del motor parece desligado de la aceleración, es consecuencia directa de cómo el sistema mantiene las revoluciones estables, y el software ha ido afinándolo progresivamente para que resulte más natural. El mantenimiento es escaso, limitado en gran medida a cambios periódicos del aceite del grupo transeje, aunque los componentes de alta tensión y la batería conviven junto al tren de engranajes. Conceptualmente, la e-CVT se relaciona con la CVT corriente únicamente en el resultado suave y sin escalones que ofrece; en su funcionamiento interno pertenece de pleno al mundo del grupo motopropulsor híbrido, el tren epicicloidal y el motor eléctrico.
- Transmisión híbrida con tren epicicloidal repartidor de potencia
- Combina electrónicamente la potencia del motor y del motor eléctrico
- Sin correas ni marchas convencionales: el régimen del motor eléctrico fija la relación
- Eje de los híbridos completos tipo Toyota: suave y fiable