La eficiencia de un vehículo eléctrico describe cuánta energía eléctrica consume el coche para recorrer una distancia determinada, y es el equivalente eléctrico del consumo de combustible de un coche de gasolina o diésel. En Europa se expresa con más frecuencia en kilovatios hora por cada 100 kilómetros (kWh/100 km) o en vatios hora por kilómetro (Wh/km), mientras que en Estados Unidos se usa el equivalente en millas por kWh o el MPGe. Es fundamental tener claro que una cifra de kWh/100 km más baja indica un coche más eficiente, igual que menos litros por 100 km indican un motor de combustión más frugal. Un eléctrico moderno típico consume entre 15 y 22 kWh/100 km en conducción mixta.
La cifra existe porque la eficiencia energética, y no solo el tamaño de la batería, determina hasta dónde llega un coche y cuánto cuesta utilizarlo. Dos coches con baterías idénticas pueden ofrecer autonomías muy distintas si uno es notablemente más eficiente, y el coste de uso se deriva de ello de forma directa: a un precio dado de la electricidad, un coche que consume 16 kWh/100 km resulta aproximadamente un tercio más barato por kilómetro que otro que consume 24 kWh/100 km. La eficiencia enlaza, por tanto, la capacidad abstracta de la batería con las dos cosas que de verdad importan a quien posee el coche: la autonomía real y el coste de cada trayecto.
Varios factores físicos empujan la eficiencia en la dirección equivocada. La velocidad es el principal, porque la resistencia aerodinámica crece con el cuadrado de la velocidad, de modo que circular de forma sostenida por autopista consume mucha más energía por kilómetro que la conducción urbana, justo lo contrario de lo que ocurre con un coche de gasolina. El frío es el segundo gran enemigo: calentar el habitáculo y mantener la batería a una temperatura de trabajo consumen energía, mientras que la propia química se vuelve menos receptiva con el frío. El peso del vehículo, la resistencia a la rodadura, las llantas grandes y una carrocería alta o poco aerodinámica añaden su parte, motivo por el cual la aerodinámica y la reducción de masa son preocupaciones centrales para los ingenieros del eléctrico.
Los fabricantes abordan el problema en varios frentes. Carrocerías deslizantes con coeficientes aerodinámicos bajos, neumáticos de baja resistencia a la rodadura, construcción ligera y motores e inversores muy eficientes ayudan a conseguirlo. Entre las soluciones más eficaces para la eficiencia diaria destaca la bomba de calor, que calienta el habitáculo desplazando el calor del aire exterior en lugar de quemar electricidad en una resistencia, lo que reduce de forma drástica la penalización energética del invierno y protege la autonomía con frío.
Para el comprador, la eficiencia se entiende mejor junto a la capacidad de la batería y la autonomía, y no en lugar de ellas. Una batería grande puede enmascarar a un coche poco eficiente, ofreciendo mucha autonomía a costa de peso, precio y tiempo de carga, mientras que un coche eficiente logra una autonomía competitiva con un paquete más pequeño, barato y ligero. Comparar la cifra declarada de kWh/100 km es la forma más limpia de juzgar lo bien que un eléctrico convierte su energía almacenada en distancia y de anticipar cómo se comportará a velocidad alta y en invierno.
- Energía consumida por distancia, p. ej. kWh/100 km (menos es mejor)
- Determina tanto el coste de uso como la autonomía real
- Empeora con la velocidad, el frío, el peso y la mala aerodinámica
- Una bomba de calor mejora la eficiencia con frío