La autonomía de un coche eléctrico es la distancia que puede recorrer con una sola carga completa antes de agotar la energía útil de su batería. Es la cifra estrella en la que se fija la mayoría de los compradores, porque determina cuántos kilómetros puede recorrer el coche entre paradas en un cargador y, por tanto, lo práctico que resulta para el día a día y para los viajes largos. La autonomía es el producto de dos elementos que trabajan juntos: el tamaño de la batería, medido en kilovatios hora, y la eficiencia del coche, medida como energía consumida por distancia. Tanto una batería mayor como un coche más eficiente amplían la autonomía, y ambos factores se multiplican en lugar de simplemente sumarse.
Como la autonomía varía mucho según cómo y dónde se conduzca, las cifras oficiales se obtienen mediante ciclos de ensayo normalizados en laboratorio, de manera que distintos modelos puedan compararse en igualdad de condiciones. En Europa se emplea el procedimiento WLTP, mientras que Estados Unidos recurre al ciclo EPA, considerado por lo general el más conservador y realista de los dos. Estas cifras son útiles para comparar, pero deben leerse como una referencia y no como una garantía, ya que ningún ensayo normalizado puede recoger el estilo de conducción, el clima y la ruta de cada persona.
La autonomía real se queda habitualmente por debajo de la cifra oficial, y los dos mayores responsables son la velocidad y la temperatura. La conducción sostenida por autopista obliga al coche a vencer una resistencia aerodinámica que crece de forma acusada con la velocidad, mientras que el frío consume energía en calentar el habitáculo y templar la batería, y resta capacidad a la química de esta. Juntos pueden reducir la autonomía alcanzable en un veinte o treinta por ciento o más respecto a la cifra declarada, motivo por el cual un coche homologado con una autonomía amplia puede ofrecer bastante menos en un trayecto invernal y rápido por autopista. El remolque, una carga completa de pasajeros, el terreno montañoso y las llantas grandes también pasan factura.
El mercado generalista ha madurado hasta el punto de que la mayoría de los eléctricos actuales ofrece en torno a 250 a 600 kilómetros de autonomía oficial, con los modelos asequibles concentrados en la parte baja y las versiones premium de gran autonomía alcanzando la parte alta. Este abanico ha bastado para mitigar la llamada ansiedad por la autonomía que inquietaba a los primeros usuarios, sobre todo a medida que las redes de carga rápida se han vuelto más densas y han aumentado las velocidades de carga, convirtiendo la recarga ocasional en un viaje largo en algo rápido y rutinario en lugar de un motivo de preocupación.
Al interpretar cualquier cifra de autonomía conviene distinguir la capacidad total de la batería de la capacidad útil, ya que los fabricantes reservan un margen en la parte alta y baja del paquete para proteger su longevidad, y solo la parte útil contribuye a la autonomía. La autonomía se entiende mejor como el resultado visible de la combinación de capacidad y eficiencia, modelado en la práctica por las condiciones, y resulta más útil cuando se compara en igualdad de condiciones empleando el mismo estándar de ensayo y un margen honesto para la conducción real.
- Distancia con una carga completa; depende de capacidad y eficiencia
- Las cifras oficiales usan WLTP (Europa) o EPA (EE. UU., más realista)
- Se recorta un 20-30 % por la velocidad de autopista y el frío
- Los eléctricos generalistas ofrecen ya unos 250-600 km