La relación de grupo final es la última etapa de reducción de la cadena cinemática de un vehículo, aplicada entre la salida de la transmisión y las ruedas. Existe porque la caja de cambios por sí sola no suele aportar reducción global suficiente para acoplar un motor que gira muy rápido a unas ruedas que giran comparativamente despacio. Una reducción permanente y fija al final de la cadena multiplica el par una última vez y rebaja la velocidad de giro hasta un rango utilizable, de modo que las cifras elegidas tienen un efecto que impregna todo el comportamiento del coche.
Físicamente, esta reducción se produce dentro del diferencial, o dentro del grupo transeje en los coches de tracción delantera y en muchas arquitecturas transversales, donde la caja de cambios y el grupo final comparten una sola carcasa. La genera la relación entre un pequeño piñón de ataque accionado por la transmisión y una corona mucho mayor unida al diferencial. Una relación de grupo final de, por ejemplo, 3,9 a 1 significa que la corona tiene 3,9 veces más dientes que el piñón, por lo que la entrada debe girar 3,9 veces por cada vuelta del diferencial. En los coches de tracción trasera, este encuentro en ángulo recto entre piñón y corona desvía además la transmisión noventa grados, del árbol de transmisión a los palieres.
La relevancia de la relación deriva de que se multiplica con cada marcha de la transmisión. La relación total en una marcha dada es la relación de esa marcha en la caja multiplicada por la relación de grupo final, y es esa cifra combinada la que determina el par en las ruedas y la velocidad alcanzada a un régimen de motor concreto. Como el grupo final se aplica por igual a todas las marchas, cambiarlo modifica de golpe el carácter de cada relación, lo que lo convierte en una potente herramienta de puesta a punto.
Aquí reside el equilibrio. Un grupo final numéricamente más alto, o más corto, multiplica el par con más fuerza, agudiza la aceleración y mejora la capacidad de arrancar o de subir pendientes, pero eleva el régimen del motor a cualquier velocidad y por ello perjudica el consumo y aumenta el ruido en marcha de crucero. Un grupo final numéricamente más bajo, o más largo, hace lo contrario: baja las revoluciones en autovía y ahorra combustible a costa del empuje puro. Los fabricantes eligen la cifra según el uso previsto del modelo, y los aficionados cambian a veces los engranajes del diferencial para reajustar el coche.
En la práctica, la relación de grupo final trabaja codo con codo con las marchas superdirectas de las transmisiones modernas, que permiten montar un grupo final bastante corto para unas marchas inferiores vivas sin renunciar a unas revoluciones de crucero bajas. Está estrechamente ligada a la relación del eje, a menudo lo mismo expresado de otra forma, y a las relaciones de cada marcha que multiplica, todo ello alojado en el diferencial o alimentado por él. Entenderla explica por qué dos coches por lo demás idénticos, pero con distinta relación de eje trasero o de grupo transeje, pueden ofrecer una conducción marcadamente diferente.
- La última reducción fija antes de las ruedas
- Reside en el diferencial o en el grupo transeje
- Se combina con cada marcha para fijar la relación total y la velocidad
- Ajusta el equilibrio entre aceleración, consumo y revoluciones de crucero