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Arrastre del motor (lugging)

El arrastre del motor consiste en hacerlo girar a un régimen demasiado bajo para la carga o la marcha, lo que lo hace esforzarse y trepidar, con posible daño a la larga.

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Definición

El arrastre del motor, conocido en inglés como lugging, consiste en hacerlo girar a un régimen demasiado bajo para la carga que se le pide o la marcha engranada, de modo que el motor se esfuerza, trepida y le cuesta tirar. Suele ocurrir cuando el conductor circula con una marcha demasiado larga mientras acelera, sube una cuesta o arranca, y exige al motor un esfuerzo elevado a pocas revoluciones, donde no puede entregarlo con suavidad. El resultado es una respuesta forzada y a tirones, desagradable y, repetida en el tiempo, potencialmente perjudicial.

El problema surge porque, a un régimen muy bajo, la combustión y el conjunto rotativo quedan fuera de su zona cómoda de funcionamiento. Apenas hay inercia del volante motor para arrastrar el motor entre explosiones, de modo que cada encendido produce un empujón perceptible seguido de una pausa, que se siente como vibración y trepidación. Peor aún, funcionar a baja velocidad y alta carga favorece una combustión anómala: las presiones en el cilindro suben despacio y la mezcla de aire y combustible puede detonar de forma espontánea, lo que provoca el cascabeleo metálico conocido como picado, que somete al motor a picos de presión bruscos que no está diseñado para asimilar a esas revoluciones.

La posibilidad de daño es lo que convierte el arrastre en algo más que una cuestión de confort. Las elevadas presiones de combustión y las cargas de choque del picado se transmiten a los pistones, las bielas y los cojinetes del cigüeñal a un régimen en el que la película de aceite lubricante es más fina y menos capaz de proteger las superficies. Un arrastre prolongado o intenso puede, por tanto, acelerar el desgaste de los cojinetes, fatigar bielas y pistones y, en casos extremos, contribuir a una avería mecánica. Además suele ser ineficiente, ya que la mala combustión malgasta combustible y aumenta los depósitos.

La solución es sencilla e inmediata: reducir a una marcha más corta para que el motor gire más deprisa y encuentre el régimen al que entrega un par útil con suavidad. El conductor aprende a reconocer los síntomas, la trepidación, el sonido forzado, la falta de respuesta al acelerar, y a reducir una marcha antes de que el motor empiece a esforzarse. Conducir con conciencia de las características de par del motor, manteniendo las revoluciones cómodamente por encima del punto en que tirar se vuelve un esfuerzo, evita por completo el problema.

El arrastre se asocia sobre todo a las cajas de cambios manuales, en las que la selección de marcha depende por entero del conductor, y es un error clásico de quienes aprenden a manejar el cambio manual o de quienes intentan ahorrar combustible reduciendo el régimen de forma demasiado agresiva. Los cambios automáticos y los modernos de doble embrague lo evitan en gran medida al reducir solos bajo carga. Comprender el arrastre va de la mano de entender el par, la fuerza a bajas vueltas y el escalonamiento del cambio, porque elegir la marcha correcta consiste precisamente en ajustar el régimen del motor a la carga para que trabaje dentro de su rango capaz, y no por debajo.

Puntos clave
  • Hacer girar el motor demasiado despacio para la carga o la marcha
  • Provoca trepidación, vibración y posible picado
  • Fatiga cojinetes, pistones y bielas; puede dañar el motor
  • Se corrige reduciendo a una marcha más corta
También conocido como
engine lugginglabouring