El Nuevo Ciclo de Conducción Europeo, abreviado universalmente como NEDC, fue el procedimiento de ensayo de laboratorio empleado en toda Europa durante décadas para medir el consumo de combustible, la emisión de dióxido de carbono y las emisiones de contaminantes regulados de un coche. Su finalidad era ofrecer un estándar único y repetible para que todos los modelos nuevos se evaluaran de forma idéntica, permitiendo comparar las cifras oficiales y hacer cumplir los límites de emisiones. Durante muchos años, el número NEDC del catálogo fue la cifra de consumo de referencia en la que confiaban los compradores.
El procedimiento se realizaba sobre un banco de rodillos, o dinamómetro de chasis, en un laboratorio controlado y no en carretera real. Constaba de un ciclo urbano repetido seguido de una única fase extraurbana, con una duración total de apenas unos veinte minutos y un recorrido de unos once kilómetros. Las velocidades eran moderadas, las aceleraciones suaves y abundaba la circulación a velocidad constante, con una punta de solo 120 km/h alcanzada apenas un instante.
Las raíces del ciclo se hallaban en los años ochenta, y esto resulta central para entender sus deficiencias. Se diseñó para una época de coches menos potentes y de tráfico más ligero, y su trazado de velocidades sosegado e idealizado guardaba escasa relación con la forma en que se conducen realmente los vehículos modernos. A los fabricantes se les permitía además aprovechar numerosas tolerancias y optimizaciones durante el ensayo, como tapar las juntas de la carrocería, sobreinflar los neumáticos, desconectar consumos auxiliares y emplear el coche con el peso permitido más favorable.
La consecuencia fue una brecha creciente y bien documentada entre las cifras oficiales y las del mundo real. El consumo declarado solía pecar de optimista entre un veinte y un cuarenta por ciento, y la divergencia se ensanchó con los años a medida que el ensayo no lograba seguir el ritmo de la tecnología de los vehículos, incluida la incorporación cada vez mayor de sistemas de ahorro de combustible cuyo beneficio aparecía en el ciclo pero no siempre en la carretera. Esto erosionó la confianza del público en las cifras y dificultó que los conductores presupuestaran con precisión el gasto en combustible.
La credibilidad del NEDC se vio aún más socavada al constatarse que el ensayo de laboratorio por sí solo podía manipularse, algo que quedó al descubierto de la forma más cruda con el escándalo de las emisiones diésel. En respuesta, los reguladores lo sustituyeron. Entre 2017 y 2019 se introdujo de forma progresiva el más riguroso Procedimiento Mundial Armonizado de Ensayo de Vehículos Ligeros, o WLTP, para medir el consumo y el dióxido de carbono, complementado con el ensayo de Emisiones en Conducción Real (RDE) en carretera para contaminantes como el NOx.
El NEDC pertenece, por tanto, en gran medida a la historia, aunque las cifras derivadas de él persistieron en algunos documentos y en ciertos cálculos fiscales durante la transición. Conviene entenderlo como el predecesor frente al cual se definen el WLTP y el RDE: un intento temprano, bienintencionado pero finalmente poco representativo de cuantificar lo limpio y económico que es realmente un coche.
- El antiguo ensayo europeo de laboratorio para consumo y emisiones
- Diseñado en los años ochenta; suave y poco representativo
- Sus cifras solían pecar de optimistas entre un 20 y un 40 %
- Sustituido por el WLTP y el RDE entre 2017 y 2019