Las emisiones en conducción real, conocidas por sus siglas inglesas RDE, son un ensayo de la Unión Europea que mide los contaminantes que emite un coche mientras circula realmente por la vía pública, en lugar de basarse únicamente en cifras obtenidas en laboratorio. Su propósito es cerrar la persistente y perjudicial brecha entre las emisiones limpias que los coches mostraban en los ensayos oficiales de laboratorio y los niveles mucho más altos que muchos producían en el uso cotidiano. Al sacar la medición a la carretera, las RDE buscan garantizar que un coche sea realmente limpio allí donde las personas respiran.
El rasgo definitorio de las RDE es el uso de un sistema portátil de medición de emisiones, o PEMS. Se trata de un conjunto compacto de analizadores y un caudalímetro instalados en el vehículo, normalmente en la parte trasera, que muestrea el escape de forma continua y registra la masa de contaminantes emitida mientras el coche recorre un trayecto definido. Ese recorrido debe incluir una mezcla representativa de conducción urbana, interurbana y por autopista, abarcando una gama de velocidades, pendientes, temperaturas ambiente y altitudes, de modo que el ensayo refleje condiciones realistas y no un ciclo suave y optimizado.
Las RDE se centran en los contaminantes que más afectan a la calidad del aire local, principalmente los óxidos de nitrógeno y el número de partículas, justamente las emisiones más propensas a la manipulación. El ensayo se introdujo como respuesta directa al escándalo del dieselgate, en el que quedó claro que algunos vehículos reconocían el procedimiento fijo de laboratorio y reducían sus emisiones solo en esas condiciones. Como un recorrido en carretera resulta mucho más difícil de anticipar y burlar, las RDE complican enormemente el despliegue de esas estrategias de elusión.
En lugar de imponer un límite completamente independiente, las RDE funcionan exigiendo que las emisiones en el mundo real se mantengan dentro de un margen definido respecto al límite de laboratorio. Ese margen, denominado factor de conformidad, se fijó inicialmente por encima de uno para tener en cuenta la mayor variabilidad e incertidumbre de medición de los ensayos en carretera, con la intención de irlo estrechando progresivamente hacia la paridad. En la práctica, un coche debe rendir de forma aceptable tanto en el laboratorio como en la carretera, y no solo en el banco de pruebas.
Las RDE no actúan en solitario, sino que complementan el procedimiento de ensayo mundial armonizado para vehículos ligeros, o WLTP, basado en laboratorio, que se encarga del consumo y de la medición del dióxido de carbono en condiciones controladas. Juntos sustituyeron al desacreditado enfoque anterior, construido en torno al Nuevo Ciclo de Conducción Europeo, combinando un ensayo de laboratorio más realista con una verificación auténtica en carretera.
La relevancia práctica para propietarios y para el público es considerable. Las RDE han impulsado a los fabricantes a asegurar que los sistemas de postratamiento de gases sigan siendo eficaces en toda la gama de condiciones reales, contribuyendo a un aire más limpio en pueblos y ciudades y restaurando cierta confianza en que las prestaciones de emisiones prometidas sobre el papel se reflejen en la conducción diaria.
- Mide emisiones en carretera real, no solo en el laboratorio
- Emplea un sistema portátil de medición (PEMS) sobre el coche
- Se introdujo tras el escándalo del dieselgate
- Limita las emisiones reales a un valor cercano al de laboratorio