El balancín es una palanca pivotante que constituye uno de los últimos eslabones de la cadena de componentes encargados de abrir las válvulas del motor. Situado en la culata, oscila de un lado a otro sobre un eje fijo: uno de sus extremos recibe el accionamiento del mecanismo de distribución y el otro presiona el vástago de una válvula. Su función es traducir el movimiento que aporta el árbol de levas en la apertura y el cierre precisos de las válvulas de admisión y escape que permiten respirar al motor.
La forma en que el balancín recibe su movimiento depende de la arquitectura del motor. En un motor de válvulas en cabeza con árbol de levas en el bloque, una varilla empujadora asciende desde un taqué y levanta un extremo del balancín, que pivota y abre la válvula por el otro extremo. En un motor con árbol de levas en cabeza, las levas se montan directamente sobre las válvulas en la culata y actúan sobre el balancín sin varilla intermedia, en ocasiones a través de un rodillo para reducir la fricción. En ambos casos, el balancín es el componente que en última instancia presiona el vástago de la válvula y, cuando el lóbulo de la leva gira y se aparta, deja que el muelle vuelva a cerrarla.
Una de las propiedades más útiles del balancín es su capacidad de actuar como palanca mecánica y, así, multiplicar el movimiento. Como el eje divide el brazo en dos lados, las distancias desde el pivote a cada extremo pueden ser desiguales, lo que proporciona una relación de palanca. Una disposición habitual ofrece una relación superior a uno a uno, de modo que una determinada elevación de la leva en la entrada se amplifica en una mayor elevación de válvula en la salida. Esto permite a los diseñadores lograr la apertura de válvula deseada con un perfil de leva más reducido y suave, y los preparadores montan a veces balancines de mayor relación para aumentar la elevación y mejorar el llenado.
El balancín trabaja dentro de un conjunto que debe absorber pequeñas variaciones dimensionales y el desgaste. La holgura entre el balancín y el vástago de la válvula, la luz de válvulas, debe mantenerse correctamente: si es escasa, la válvula puede no cerrar del todo; si es excesiva, la distribución se vuelve ruidosa y la válvula abre menos de lo previsto. Muchos motores gestionan esto de forma automática mediante taqués o ajustadores hidráulicos, a menudo integrados en los propios balancines o sus apoyos, que emplean aceite a presión para compensar la holgura en silencio y eliminar la necesidad de un reglaje manual periódico. Otros conservan disposiciones mecánicas que deben revisarse y calibrarse en los intervalos de mantenimiento.
Los materiales y el diseño han evolucionado de forma considerable. Los balancines tradicionales se estampaban en acero o se fundían en hierro, mientras que los motores modernos pueden recurrir al acero forjado, al aluminio o a diseños con punta de rodillo que reducen la fricción y el desgaste en los puntos de contacto. Sea cual sea su construcción, el balancín sigue siendo una pieza pequeña pero crucial que trabaja en concierto con el árbol de levas, las varillas empujadoras cuando las hay, los muelles y las propias válvulas, ejecutando en silencio miles de ciclos por minuto para que el motor admita y expulse los gases con limpieza.
- Palanca pivotante que abre una válvula
- Transmite el movimiento de la leva (o de la varilla) al vástago de la válvula
- Puede multiplicar la elevación de válvula gracias a su relación de palanca
- Se emplea tanto en motores con varillas empujadoras como con árbol de levas en cabeza