El amortiguador es el componente de la suspensión que controla el movimiento de los muelles e impide que un coche rebote una y otra vez después de superar un bache. El término popular resulta, en rigor, algo equívoco: son los muelles los que absorben el impacto inicial al comprimirse, mientras que la función del amortiguador consiste en gestionar la energía almacenada en esa compresión para que el muelle no oscile libremente. Sin un amortiguador en buen estado, un coche seguiría cabeceando y balanceándose durante varios ciclos tras cada perturbación, lo que lo haría incómodo y, sobre todo, inseguro.
El mecanismo es, en esencia, una restricción hidráulica controlada. Dentro del amortiguador, un pistón unido a un vástago se desplaza por un cilindro lleno de aceite. A medida que la suspensión se comprime y se extiende, el pistón recorre el cilindro y el aceite debe pasar de un lado a otro del pistón a través de pequeñas válvulas y orificios. Forzar el paso de un fluido viscoso por esas restricciones consume energía, energía que se transforma en calor y se disipa después a través del cuerpo del amortiguador. Ajustando el tamaño y el comportamiento de las válvulas, los ingenieros definen cuánta resistencia ofrece el amortiguador en compresión y en extensión, y muchos diseños se presurizan con gas para evitar que el aceite haga espuma bajo un uso exigente.
El efecto práctico de esa resistencia controlada es sofocar con rapidez la oscilación del muelle, de modo que tras un bache la carrocería se asienta en un solo movimiento en lugar de rebotar. Esto importa por mucho más que el confort. Un amortiguador que mantiene el neumático firmemente apoyado contra el asfalto conserva el agarre necesario para girar, trazar curvas y frenar; si se permite que la rueda rebote, la huella de contacto se carga y se descarga, y la adherencia aparece y desaparece con ella. Unos amortiguadores gastados o débiles alargan, por tanto, las distancias de frenada y socavan la estabilidad mucho antes de que el conductor lo perciba con claridad.
Los amortiguadores se presentan en varias formas. El más sencillo es el diseño bitubo, con un cilindro de trabajo interior y un depósito exterior; el diseño monotubo emplea un solo tubo con un pistón flotante que separa aceite y gas, lo que ofrece mejor refrigeración y un rendimiento más constante bajo carga. Un puntal McPherson es un amortiguador integrado en un montante portante de la suspensión, habitual en el eje delantero de muchos coches, mientras que un amortiguador convencional se limita a controlar el movimiento sin soportar el peso del vehículo. Los amortiguadores adaptativos y de control electrónico amplían el concepto al variar su tarado sobre la marcha.
Como los amortiguadores se desgastan de forma gradual, su deterioro pasa desapercibido con facilidad hasta que el comportamiento se resiente de manera notable. La fuga de aceite por el retén del vástago, la pérdida de eficacia por sobrecalentamiento en firmes en mal estado y el desgaste de la válvula interna reducen con el tiempo la fuerza de amortiguación. Entre los síntomas figuran una marcha flotante o saltarina, hundimiento del morro al frenar, desgaste irregular de los neumáticos y ruidos al pasar baches. Suelen sustituirse por pares en un mismo eje para mantener el coche equilibrado, y revisarlos es una tarea rutinaria pero importante para conservar un buen comportamiento y seguridad, algo que también se valora en la ITV.
- El nombre común del amortiguador de la suspensión
- Controla el movimiento del muelle; no absorbe el impacto inicial
- Hace pasar aceite por válvulas para sofocar el rebote
- Unos amortiguadores gastados perjudican marcha, agarre y frenada