Un sistema Start-Stop, también llamado parada y arranque automáticos del motor, es una función de ahorro de combustible que apaga el motor cuando el coche se detiene y lo vuelve a arrancar en el instante en que el conductor se dispone a moverse. Existe porque un motor al ralentí consume combustible y emite dióxido de carbono sin realizar trabajo útil, y en la conducción urbana congestionada un vehículo puede pasar una proporción notable de su trayecto detenido en cruces, semáforos y atascos. Al eliminar ese ralentí desperdiciado, el sistema aporta ahorros mensurables justo donde los motores convencionales resultan menos eficientes.
La secuencia la gestiona automáticamente la unidad de control del motor, que vigila una serie de condiciones antes de decidir parar el motor. En un coche manual, el motor suele apagarse cuando el vehículo está detenido, la caja de cambios en punto muerto y el embrague liberado; en un automático, normalmente se para cuando se mantiene el freno con el coche en reposo. El nuevo arranque se desencadena al pisar el conductor el embrague o soltar el freno, y el motor vuelve a girar en una fracción de segundo, de modo que el retardo apenas se percibe. El sistema también mantendrá el motor en marcha, o lo arrancará sin orden previa, si detecta que la carga de la batería es baja, que el habitáculo necesita calefacción o refrigeración, que el motor aún no ha alcanzado temperatura o que el coche se encuentra en una pendiente pronunciada.
El beneficio para el conductor es un menor consumo de combustible y unas emisiones más bajas, más acusados en el tráfico de parada y arranque que da nombre a la función, junto con la eliminación de ruido y gases de escape innecesarios durante la espera. Las cifras oficiales de consumo y de CO2 reflejan estos ahorros, lo que en parte explica que la tecnología se volviera casi universal a medida que los fabricantes trabajaban para cumplir los objetivos de emisiones de su flota.
Los arranques frecuentes exigen mucho más a los componentes del coche que el uso ordinario. Los motores así equipados llevan un motor de arranque reforzado de mayor durabilidad o un alternador-arrancador integrado, y una batería mejorada, habitualmente de tipo AGM o de plomo-ácido mejorado, capaz de soportar muchas decenas de miles de ciclos y de alimentar los servicios auxiliares durante la parada. Diversos sensores controlan el estado de carga de la batería, la temperatura del aceite y del refrigerante y el vacío de frenado para garantizar que el arranque esté siempre disponible.
Cada vez más, el Start-Stop básico se ha integrado en sistemas microhíbridos, en los que un pequeño motor-generador eléctrico que funciona en una red de 48 voltios arranca el motor de forma casi silenciosa, suaviza la transición e incluso permite apagar el motor durante las deceleraciones por inercia. Esto resuelve la principal crítica a los primeros sistemas, la ligera sacudida que se notaba en cada arranque. Los conductores que encuentran molesto este comportamiento suelen poder desactivarlo con un botón en el salpicadero, aunque generalmente se reactiva en el siguiente arranque, lo que refleja su papel en el cumplimiento oficial de emisiones del coche.
- Apaga el motor parado y lo arranca al reanudar la marcha
- Ahorra combustible y reduce emisiones en tráfico de parada y arranque
- Necesita un arranque y una batería más robustos por los arranques frecuentes
- A menudo se combina con sistemas microhíbridos para mayor suavidad