La cadena de distribución cumple exactamente la misma tarea esencial que la correa de distribución, enlazando mecánicamente el cigüeñal con los árboles de levas para que el movimiento de las válvulas se mantenga perfectamente sincronizado con el de los pistones. La diferencia reside por completo en su construcción y en la durabilidad que de ella se deriva: donde la correa es de caucho reforzado, la cadena de distribución es una cadena metálica, en forma muy parecida a la de una bicicleta o una motocicleta, que gira sobre piñones dentados en cada extremo. Esa construcción metálica es el origen de su principal ventaja.
La cadena engrana con los piñones del cigüeñal y de los árboles de levas y se mantiene a la tensión correcta mediante un tensor hidráulico, alimentado con aceite del motor a presión, que recupera la holgura conforme la cadena se desgasta ligeramente con el tiempo. Unos patines guía, normalmente recubiertos de plástico de baja fricción, sujetan la cadena en su recorrido y amortiguan su movimiento. Como la cadena gira dentro del motor, está continuamente bañada y lubricada por el aceite, algo fundamental para alcanzar su larga vida útil.
La gran ventaja práctica de la cadena es la longevidad. Una cadena de distribución bien diseñada y correctamente mantenida suele durar toda la vida útil del motor sin sustitución programada, ahorrando al propietario el gasto recurrente y la molestia del servicio de cambio que exigen los motores con correa de caucho. Esta durabilidad, junto con la seguridad de un componente mucho menos propenso a romperse de forma repentina, explica por qué muchos fabricantes prefieren las cadenas, sobre todo en motores destinados a gran kilometraje o a un uso exigente.
La cadena no carece de inconvenientes, sin embargo. Es más pesada, más ruidosa y más cara de fabricar que una correa, y su dependencia del aceite del motor tanto para la lubricación como para el funcionamiento del tensor es también su principal vulnerabilidad. Cambios de aceite poco frecuentes, un grado de aceite inadecuado o un motor con lodos pueden privar de presión al tensor y acelerar el desgaste de la cadena y de sus patines de plástico. Una cadena desgastada o floja suele anunciarse con un traqueteo característico, a menudo más audible en arranque en frío, y si se ignora puede estirarse lo suficiente para saltar un diente y desajustar la distribución, con las mismas consecuencias potencialmente destructivas que el fallo de una correa en un motor interferente.
En esencia, la elección entre cadena y correa de distribución es un viejo compromiso de ingeniería. La correa es más silenciosa, ligera y barata, pero debe sustituirse periódicamente; la cadena es más robusta y prácticamente exenta de mantenimiento en uso normal, pero exige un cuidado diligente del aceite y admite algo más de ruido y peso. Ambas sirven en último término al mismo cometido crítico: mantener válvulas y pistones a compás.
- Cadena metálica que une el cigüeñal y los árboles de levas
- Misma función que la correa pero mucho más duradera
- Suele durar toda la vida del motor sin cambio programado
- Depende del aceite limpio; puede traquetear si se descuida