El acoplamiento viscoso es un dispositivo sellado y lleno de fluido que transmite par entre dos ejes en rotación siempre que aparece una diferencia de velocidad entre ellos. Alcanzó notoriedad como un método sencillo y autónomo de repartir la tracción en los vehículos de tracción total y de aportar un efecto autoblocante dentro de los diferenciales, sin necesidad de sensores, electrónica ni intervención del conductor. Su atractivo residía en la elegancia: un componente puramente mecánico que no hace nada en conducción normal y, sin embargo, reacciona en el instante en que una rueda empieza a perder adherencia.
En su interior, la unidad aloja dos conjuntos intercalados de discos finos de acero, perforados o ranurados, uno acoplado por estrías al eje de entrada y el otro al de salida, sumergidos en un fluido de silicona de alta viscosidad dentro de una carcasa herméticamente sellada. Cuando ambos ejes giran a la misma velocidad, los discos rotan juntos y apenas se transfiere par. En el momento en que surge una diferencia de velocidad de giro, los discos cizallan el fluido de silicona que los separa. Esa cizalladura genera calor y hace que el fluido se espese y, en el caso del llamado efecto «hump», se expanda y bloquee momentáneamente los discos con mayor firmeza, lo que eleva de golpe el par transmitido a través del acoplamiento.
Para el conductor, este comportamiento resulta en gran medida imperceptible, pero valioso. En una tracción total a la demanda, el acoplamiento se sitúa entre el eje motriz principal y el secundario; si las ruedas del eje principal patinan sobre una superficie mojada o suelta, el desajuste de velocidad resultante rigidiza el acoplamiento y deriva par hacia atrás o hacia delante, al eje que aún conserva adherencia. El mismo principio, dentro de un diferencial, limita cuánto más rápido puede girar una rueda respecto a su pareja, mejorando la motricidad al salir de una curva resbaladiza o al arrancar desde parado.
Los acoplamientos viscosos aparecieron en una amplia variedad de vehículos a partir de la década de 1980, desde compactos con tracción total ocasional hasta familiares y berlinas deportivas con un acoplamiento central entre los ejes delantero y trasero. Se valoraban por ser compactos, robustos y libres de mantenimiento, y se integraban sin dificultad en cadenas cinemáticas por lo demás convencionales.
Su principal debilidad es el tiempo de respuesta. Como la transferencia de par depende de que se acumule una diferencia de velocidad y se caliente el fluido, el acoplamiento reacciona solo después de que ya se haya producido algo de patinaje, y no puede ordenársele que se acople de forma preventiva. Un deslizamiento prolongado o intenso puede sobrecalentar la silicona, y una unidad desgastada o con fugas puede agarrotarse o perder por completo su eficacia; tales averías no son reparables de forma rentable y obligan a la sustitución.
Por estos motivos, el acoplamiento viscoso ha quedado en gran medida desplazado por los paquetes de embragues multidisco de mando electrónico, como las unidades de tipo Haldex, capaces de variar el acoplamiento de forma instantánea y anticipada bajo control de software. Sigue siendo, no obstante, una referencia importante, estrechamente relacionada con el diferencial central, el diferencial autoblocante y los sistemas de transferencia multidisco que desempeñan funciones de reparto de par comparables por otros medios.
- Transmite par mediante un fluido espeso cuando los ejes giran a distinta velocidad
- Autónomo: se acopla solo cuando una rueda patina
- Empleado en tracción total a la demanda y diferenciales autoblocantes
- Lento de respuesta; muy desplazado por los embragues electrónicos